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Eco-ficción: Libros que exploran nuestra relación con la naturaleza

Tiempo atrás los filósofos occidentales creían que los intereses humanos debían ser el centro de todo; que la naturaleza en toda su extensión debía estar a nuestro servicio, volviendo justificable cualquier extracción que de ella se hiciera con tal de favorecer nuestra supervivencia y comodidad. John Locke (1632), por ejemplo, sostenía que los humanos teníamos el deber moral de convertir todo elemento de la naturaleza en propiedad privada, mientras que René Descartes (1596), más o menos por el mismo tiempo, planteaba que los animales eran máquinas sin pensamiento, cuya única similitud con nosotros era el estar vivos. 

Tendrían que llegar el siglo XIX y hacerse conocidos los libros de ciencia y viajes de Alexander von Humboldt para que entendiéramos la relación entre conservación y supervivencia, y sólo entonces tomaríamos algo de consciencia sobre la naturaleza y los peligros que corríamos de no protegerla. Luego serían varios los que dejarían la comodidad de sus hogares para explorar y estudiar científicamente el planeta, ampliando lo poco que se sabía sobre el medio ambiente. Pero pese a los esfuerzos y la profesionalización de las ciencias, hay algo que, con el paso del tiempo, no ha cambiado: el progreso industrial sigue siendo mucho más acelerado que las estrategias para proteger el planeta.

Y, ante esta perspectiva, no es de extrañar que aferrándose a nuevas corrientes de pensamiento, muchos optaran por reflexionar desde las artes sobre la depredación humana. En el caso de la literatura, el aprecio por la naturaleza era común en el bucolismo, romanticismo, naturalismo, trascendentalismo, realismo mágico y la ficción de mundos perdidos, entre otros. Sin embargo, recién en el siglo XX, tras las guerras mundiales y el desarrollo de las bombas nucleares fue que la crítica ambientalista entró de lleno en la ficción. 

Eco-ficción y eco-crítica 

La eco-ficción, o ficción ecológica, surge como concepto a mediados del siglo XX, y se define como literatura orientada a la naturaleza. En estas historias – que pueden ser de distintos subgéneros- los personajes se relacionan, para bien o para mal, directamente con sus ecosistemas y, por regla, deben verse envueltos en tramas que, de manera explícita o subtextual, tengan un mensaje ambientalista. Por su parte, la eco-crítica es el estudio de la literatura desde una óptica ecológica.

«El viento en los sauces», ilustración de
Thibault Prugne.

Aunque estos conceptos no estaban formalizados antes de los años 60, ejemplos clásicos del género son Colmillo Blanco (1906) de Jack London y El viento en los sauces (1908) de Kenneth Grahame, ambos libros con protagonistas animales que dan una perspectiva sensible a temáticas antes consideradas salvajes. 

Ejemplos notables de décadas posteriores son La Isla (1962) de Aldous Huxley, sobre una tierra cuyos habitantes abrazan la ciencia sólo para el bien renegando de la industrialización; y El nombre del mundo es bosque (1972) de Ursula K. Le Guin, que trata sobre un planeta colonizado cuyos recursos naturales son explotados y su civilización nativa abusada. Otros autores de esta época que, aunque sus obras no se consideran necesariamente ambientalistas pero que lograron transmitir un fuerte mensaje en esa línea fueron JRR Tolkien (El Señor de los Anillos, 1954), Frank Herbert (Dune, 1965) y Richard Adams (La Colina de Watership, 1972) con obras épicas que ocurren en entornos naturales donde los humanos contribuyen a su destrucción o a la extracción desmesurada de sus recursos.

Cambio climático, distopía y cli-fi

Problemáticas como el cambio climático también han encontrado hogar, sobre todo, en autores de ficción especulativa y ciencia ficción, naciendo de ellos subgéneros como el climate fiction o cli-fi, entre quienes destacan Octavia Butler con La parábola del sembrador (1993) sobre una joven que padece de hiperempatía y que recorre una norteamérica devastada y peligrosa mientras desarrolla su propia vía espiritual; Emmi Itäranta con La memoria del agua (2014) que sigue a una adolescente en la protección de un valioso manantial en una Finlandia post cambio climático; y Jenny Offill con Clima (2020), que se sitúa en el presente y muestra a una bibliotecaria que padece de ansiedad por, entre otras cosas, toda la información que por su trabajo recopila sobre el cambio climático y que la llevan a obsesionarse con la supervivencia. Todas historias con un tono distópico al que también podrían sumarse la trilogía Maddaddam (2003) de Margaret Atwood y La carretera (2006) de Cormac McCarthy, que aunque no hablan del clima, sí sitúan a sus protagonistas en ambientes devastados por la acción humana. 

La literatura como catalizador de cambio

Nuestra realidad ecológica está desencadenando un regadero de tinta que nos alerta de los peligros de no cuidar el medio ambiente. Sería iluso creer que los libros por sí solos pueden detener el efecto invernadero o limpiar los mares, pero al menos nos recuerdan constantemente el ambivalente potencial heroico y destructivo que tenemos los seres humanos. Un libro no necesita ser literal o del todo riguroso para abrir una ventana hacia realidades que podríamos estar ignorando: ¿nos encaminamos hacia una distopía como la que han retratado tantos autores? Aún podemos tomar conciencia y hacer los cambios necesarios para seguir el camino correcto. Por eso, antes de cerrar este artículo, queremos recomendarte los siguientes títulos que, desde la ficción, pueden hacerte reflexionar sobre el cuidado de la naturaleza. Puedes encontrar todos ellos en librerías y bibliotecas de nuestro país: 

  • Colmillo Blanco (1906) – Jack London 
  • El viento en los sauces (1908) – Kenneth Grahame 
  • Bambi, una vida en el bosque (1923) – Felix Salten
  • Horizontes perdidos (1933) – James Hamilton
  • La comunidad del anillo (1954) – JRR Tolkien 
  • La Isla (1962) – Aldous Huxley
  • Dune (1965) – Frank Herbert
  • El nombre del mundo es bosque (1972) – Ursula K. Le Guin
  • La colina de Watership (1972) – Richard Adams
  • El eterno regreso a casa (1985) – Ursula K. Le Guin
  • Las torres del olvido (1987) – George Turner
  • La parábola del sembrador (1993) – Octavia Butler 
  • Oryx y Crake (2003) – Margaret Atwood
  • La carretera (2006) – Cormac MacCarthy
  • La memoria del agua (2014) – Emmi Itäranta
  • Nueva York 2140 (2017) – Kim Stanley Robinson
  • Después del diluvio (2019) – Kassandra Montag
  • Clima (2019) – Jenny Offill
  • Ascensión (2023) – Martin MacInnes

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