Las distopías continúan conquistando lectores de todas las edades con oscuros escenarios: Mundos arrasados por guerras, desastres naturales, virus mortales o gobiernos totalitarios dan paso a historias llenas de aventuras, suspenso y una buena dosis de crítica social.
¿Pero qué entendemos por distopía? Sus inicios surgen como una antítesis de Utopía (1516), la obra más famosa de Tomas Moro, donde el panorama futuro se caracterizaba por brindar una imagen amable y benevolente para la humanidad. En cambio, la distopía considera el peor escenario posible, centrada en una deshumanización de la sociedad y en una preponderancia de lo individual frente a lo colectivo, su fin es la búsqueda de un pensamiento único y una sociedad unitaria. Muchas de las historias de este género representan una protesta contra los sistemas de gobierno, los ideales extremistas y el excesivo control de la tecnología. El miedo, el pesimismo y la desolación son su motor esencial. Algunas de las primeras novelas que marcaron este género son 1984 (1949) de George Orwell, Fahrenheit 451 (1953) de Ray Bradbury y Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley. Los componentes comunes de estas novelas son el control social, limitando la libertad individual.

Con el tiempo, las distopías fueron tomando fuerza dentro de la ciencia ficción y comenzaron a explorar temas más actuales como el medioambiente, el terrorismo, las crisis económicas o los derechos reproductivos.
Frente al creciente interés de los lectores por este tipo de obras, surge una pregunta clave: ¿Por qué es importante leer este tipo de historias?

La respuesta radica en que estas obras reflejan lo que está pasando hoy en el mundo, solo que llevado al extremo. Un gran ejemplo es El cuento de la criada (1985) de Margaret Atwood, en este universo distópico las mujeres fértiles, llamadas criadas son obligadas a tener hijos para las familias de la elite gobernante en un régimen patriarcal fundamentalista llamado Gilead. Esta novela refleja preocupaciones reales sobre el control del cuerpo femenino y los derechos reproductivos.
La autora también ha expresado en diversas entrevistas que para escribir este libro se inspiró en eventos históricos reales y en su preocupación constante por el derecho de las mujeres.
Explorar la incertidumbre ante un futuro incierto a través de la literatura nos permite observar nuestros peores miedos en un entorno seguro, ponernos en la piel de los personajes frente a todo tipo de situaciones: amenazas zombies, máquinas asesinas o juegos sangrientos. Nos ayuda a reflexionar sobre un futuro oscuro y sombrío. Estas novelas en muchos casos representan una especie de advertencia de lo que está sucediendo con el mundo en la actualidad, por lo que no está de más prestar atención a los mensajes que transmiten.
El auge de las distopías modernas
El boom de la literatura distópica se popularizó de forma masiva desde el año 2010, especialmente en los jóvenes. Cientos de libros atiborraron las librerías y bibliotecas explorando una gran variedad de temas que van iban desde crisis económicas y sanitarias hasta desastres climáticos. Reflejaron un presente inquietante en el que la tecnología y la inteligencia artificial ya no son parte del futuro, sino del ahora, anticipando escenarios similares a los que George Orwell imaginó décadas atrás. Epidemias, virus letales y colapsos globales son temas frecuentes en novelas como La quinta ola (2013) de Rick Yancey y Los 100 (2013) de Kass Morgan. Estas obras nos sumergen en mundos postapocalípticos cada vez más parecidos a la realidad.
Esta nueva literatura se diferenció de la distopía clásica al incluir a protagonistas mujeres, heroínas fuertes que ya no jugaban un papel subordinado, sino que se rebelaban a lo establecido, incorporando conflictos internos, dilemas morales y una lucha por la libertad. ¿Te suenan Katniss Everdeen (Los juegos del hambre) o Tris Prior (Divergente)? Ambas son chicas valientes que enfrentan sistemas injustos y se convierten en símbolos de resistencia.

Otro rasgo diferenciador que se sumó a estas obras distópicas, pensadas en el público joven, fue el romance. Un ejemplo de esto es la trilogía Juntos (2010-2012) de Ally Condie, en un futuro remoto controlado por la tecnología, las autoridades deciden con quien emparejarte para garantizar la armonía en la sociedad; Legend (2011) de Marie Lu, cuenta la historia de dos adolescentes, Day y June, que luchan por bandos opuestos en un mundo distópico. A medida que se acercan, su romance amenaza con socavar sus lealtades y su propia supervivencia; Delirium (2011) de Lauren Oliver, cuenta la historia de Lena, que se enamora en una sociedad donde el amor es visto como una enfermedad.
También han ganado espacio las llamadas “distopías feministas”, donde el rol de las mujeres se subvierte o cuestiona el patriarcado. En Afterland (2020) de Lauren Beukes, tras una pandemia global, el mundo queda prácticamente sin hombres. En Hijas del norte (2007) de Sarah Hall, vemos una Inglaterra distópica, devastada por inundaciones, guerras y un régimen autoritario que controla los recursos y obliga a las mujeres a usar anticonceptivos, una mujer llamada Hermana narra su historia desde una celda. Por otra parte, Yo nunca supe de los hombres (1995) de Jacqueline Harpman, aborda un futuro postapocalíptico donde cuarenta mujeres están encerradas en una jaula subterránea vigilada por guardias. La más joven, que no conoció el mundo anterior, narra la historia mientras explora emociones humanas como el amor, la amistad y la muerte. Y en El año de gracia (2021) de Kim Liggett, en el condado de Garner, está prohibido hablar del «año de gracia», las niñas crecen convencidas de que al alcanzar la adolescencia su piel exhala una potente esencia de juventud que seduce a los hombres y mata de celos a las mujeres. Para purificar esa magia sin dañar a nadie y regresar listas para el matrimonio, las adolescentes son expulsadas del lugar y confinadas en plena naturaleza durante un año. Sin embargo, no todas vuelven.

La literatura distópica, más allá del entretenimiento, es un poderoso vehículo de reflexión. Nos permite imaginar futuros posibles a partir de los errores del presente, nos advierte sobre los peligros de la opresión y el abuso de poder. Leer este tipo de literatura no solo alimenta nuestra imaginación, sino que también nos invita a cuestionar el mundo en el que vivimos y el que queremos construir. Porque, incluso en los escenarios más oscuros, nos recuerda que siempre hay lugar para la resistencia, el cambio y la esperanza.

Bibliotecóloga, feminista, catlover y ex librera, dedicada a promover la lectura y la organización de la información en bibliotecas, con una mirada inclusiva en todos sus proyectos, buscando contribuir a una sociedad más consciente y tolerante.