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Leer para sentir: beneficios psicológicos de la lectura

Sé exactamente cuando sucedió: mis primas estaban pasando el verano con mi familia. Todos jugaban afuera y yo no podía parar de leer Harry Potter y el prisionero de Azkaban.

Antes de ese libro leer era un deber, mi mamá me leía los libros del colegio, buscaba resúmenes, pero después de ese verano fue como si un interruptor se hubiera encendido y mi vida quedó entrelazada con la lectura. Los libros se transformaron en este lugar precioso que me brindaba refugio en momentos difíciles, que me permitía explorar el mundo de forma segura siendo introvertida, que me hacía sentir y que también me desafiaba.

Nunca me olvidaré de cómo Ensayo sobre la ceguera”, “1984” o “Un mundo feliz se llevaron mi inocencia porque me hicieron confrontar la brutalidad o como las palabras de la galardonada escritora y periodista bielorrusa Svetlana Alexievich me hicieron ver que podía tener una concepción del mundo tan errónea.

Recientemente se viralizó en redes sociales un extracto de entrevista al narrador y guionista chileno Simón Soto que decía:

“Yo creo que los escritores deberían tratar de leer obras de la más alta calidad posible, sean clásicos o no, sean novelas, ensayos, cuentos, textos de filosofía, textos religiosos, etc. Y a la vez, huirle como a la peste a las obras mediocres. Si algún día Arelis Uribe, Rivera Letelier o Francisca Solar se convierten en clásicos, entonces te respondería que nunca hay que leer clásicos. Que es preferible quemarse los ojos a leer a clásicos de esa naturaleza.

Y esa última frase me dio escalofríos.

No me voy a referir a las reglas distintas que aplican en el círculo más académico/profesional literario, pero no he podido parar de pensar en lo lejos que esa afirmación está de mi propia experiencia con la lectura y su impacto en mi desarrollo como ser humano.

Más allá del snobismo intrínseco que existe en el binarismo de “lectura buena vs. lectura mala” me pregunto: ¿Qué nos da realmente leer, más allá de lo obvio? ¿Por qué es importante fomentar la lectura a todas las edades?

La lectura como refugio emocional

Me he encontrado con suficientes posts en redes sociales hablando de cómo la lectura les salvó la vida, que los llevó a alejarse del riesgo suicida, para entender que esta es una experiencia común y que el arte – y la literatura en particular – con su poder de conexión es capaz de generar un refugio aun en los momentos más oscuros.  

La lectura puede ayudar a disociarte sin dañarte cuando te encuentras en un episodio ansioso/depresivo severo o en un estado de colapso o congelamiento del sistema nervioso central. Y aunque en casos extremos puede ser tan dañino como la ensoñación desadaptativa (maladaptive daydreaming), el escapismo es un mecanismo de defensa complejo que también puede ser constructivo porque siempre transforma la experiencia del lector.

En mi propia vida, la lectura siempre ha sido capaz de ofrecerme emociones prestadas cuando las mías estaban bloqueadas por la anhedonia y ha funcionado como una estrategia de regulación emocional interna que nunca me ha fallado.

La ciencia lleva años también reconociendo este efecto. En 2009, el neuropsicólogo David Lewis encontró que leer durante apenas 6 minutos reducía el estrés en un 68%, un mayor efecto que tomarse un té (54%) o salir a caminar (42%). Esa caída no es mágica, ocurre porque la lectura activa la imaginación, la concentración y la creatividad, empujándonos a un estado alterado de consciencia, casi meditativo. 

Y no es solo una sensación pasajera. Un estudio más reciente,  de Levine et al. (2020),  siguió a estudiantes universitarios y halló que leer por placer de forma constante reducía el malestar psicológico a lo largo del año académico. ¿La razón? Leer amortiguaba la frustración de necesidades psicológicas básicas. 

La lectura como vehículo de desarrollo de la empatía

Cuando a los 20 años leí Ébano de Ryszard Kapuscinski pude vislumbrar por primera vez lo que podía ser la realidad de vivir en África y la experiencia leyendo ese libro solo se compara a como se abrió mi mente viajando sola por Sarajevo o por Belgrado el 2017.

Las historias se transforman así en un puente invisible entre personas, te ayudan a sentirte comprendido y menos solo, te ayudan a entender a otros.  

Que la lectura de ficción mejora la teoría de la mente y la empatía es algo que no puede dudar nadie, porque estimula el pensamiento complejo y la imaginación. Cuando el lector se siente emocionalmente transportado por la historia, su capacidad de empatía, de inferir correctamente emociones y pensamientos, aumenta también en otros contextos.

Hay algo que ocurre cuando leemos las historias de otras personas, ya sean reales o ficticias. Cuando vemos una manera distinta de organizar sus días. Otra forma de vincularse con su entorno, con el trabajo, con el tiempo, con sus familias, con el cuerpo, con el descanso, con los otros.

Se nos revela que hay otras formas posibles de estar en el mundo. Aparecen matices y la posibilidad de imaginarnos diferente, surgen también los puntos que tenemos en común.   Las historias se transforman así en un puente invisible entre personas, te ayudan a sentirte comprendido y menos solo, te ayudan a entender a otros.  

El lenguaje como sostén psíquico.

Leer para mí fue -y sigue siendo- una manera de construirme por dentro.

Las palabras organizan el mundo interno. Y si no tenemos palabras, no tenemos cómo pensarnos. Leer nos presta vocabulario emocional cuando nos falta, nos da referentes, nos ofrece espejos. Puede sacarnos de nuestra zona de confort, puede poner nombre a dolores y experiencias que hemos sentido para las cuales no teníamos palabras hasta que alguien nos las mostró.

Lo fascinante es que esto no ocurre solo a nivel simbólico. Aprender a leer implicó para nuestro cerebro una reestructuración real y profunda: se reorganizaron zonas originalmente dedicadas a reconocer formas visuales, y se crearon nuevas conexiones neuronales que fortalecieron el lenguaje, la memoria, el razonamiento y la regulación emocional. Y al seguir leyendo de manera habitual -especialmente textos de mayor complejidad- el cerebro no abandona su neuroplasticidad, lo que incluso actúa como un factor protector contra el deterioro mental en adultos mayores.

 El impacto y los beneficios psicológicos de la lectura son amplios, muchos más de los que puedo enumerar en un artículo, pero quería cerrar con un estudio publicado en junio de 2023 en el Psychological Medicine por la Universidad de Cambridge que analizó a más de 10 000 adolescentes e identificó que leer por placer 12 horas a la semana desde edades tempranas se asoció con un mejor desempeño cognitivo, mayor bienestar emocional/salud mental y un mayor volumen cerebral en áreas relacionadas con la atención, la regulación emocional y funciones cognitivas.  

Sí, leer por placer nos transforma la vida para mejor. Y no, no importa si se trata de clásicos o best-sellers. 

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