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Romance y poder

Cuando iba en el colegio, durante la enseñanza media, me invitaron a una charla de escritura donde uno de los jueces de un concurso literario nos preguntó ¿Cuáles son los dos principales temas universales en toda la literatura? La respuesta fue un silencio absoluto hasta que dije: el amor. Y luego una compañera dijo la muerte. Las dos teníamos razón.

Aún no sé si arruinamos la dinámica que había preparado, pero nunca me olvidé de que el amor y la muerte son los temas que como humanidad nos obsesionan y se repiten una y otra vez en casi todas las historias.

Decimos que la comedia romántica es nuestro “placer culpable”, pero solo el 2023 se vendieron más de 39 millones de novelas románticas en EEUU. El romance representa casi el 40% de la ficción de género.

Sin embargo, la primera asociación que tengo de mi obsesión adolescente con la novela romántica es una de vergüenza, una que he tardado décadas en deconstruir y entender. De alguna manera, en la balanza social de lo que se considera valioso, los intereses de las mujeres casi siempre pesan menos: desde los libros que leemos, los hobbies que nos apasionan, las películas o series que nos hacen sentir vistas, hasta las estéticas que nos inspiran; aquellos universos femeninos son con frecuencia ridiculizados o desestimados como frívolos, superficiales y carentes de importancia.

Decimos que la comedia romántica que estamos leyendo es nuestro “placer culpable”, pero solo el 2023 se vendieron más de 39 millones de novelas románticas en EEUU generando más de 1.44 mil millones de dólares. El romance representa casi el 40% de la ficción de género, por encima de los thrillers y misterios (17-20%), y la ciencia ficción y la fantasía (15-20%).  

Nuestro “placer culpable” es la fuerza que sostiene la industria editorial. Y hay una violencia silenciosa en que se burlen de tus pasiones mientras industrias enteras se sostienen en ellas.

Llevo 20 años leyendo novelas románticas y ha sido un viaje empoderador pasar de la vergüenza con la que leía “El vizconde que me amó” de Julia Quinn a los 14 años, a celebrar que Bridgerton es una de las series más exitosas de Netflix.

Evolución del género romántico

La palabra romance proviene del latín romanice y, originalmente, se utilizaba para designar cualquier texto escrito en lengua romance (no latina). Durante la Edad Media muchos de estos textos narraban historias de aventuras y hazañas caballerescas, e incluían episodios de amor cortés, como en Tristán e Isolda, la historia del Rey Arturo o El Cantar de Mio Cid.

No fue hasta el siglo XIX, con el romanticismo, que el amor empezó a ocupar el centro de la escena, acompañado de protagonistas femeninas complejas con vida interior y deseos propios, capaces de sentir, pensar y desafiar a su sociedad. 

En ese contexto surgieron Jane Austen (Orgullo y prejuicio, Emma, Sentido y Sensibilidad), las hermanas Brontë (Cumbres Borrascosas, Jane Eyre) y George Sand  (Indiana, Lélia) con novelas que no solo marcaron la literatura de su tiempo y se han vuelto atemporales, sino que modelaron la forma en que entendemos el amor en la ficción hasta hoy. De ellas nacieron  tropes fundacionales del romance como Los amores imposibles o prohibidos, el “enemies to lovers” (enemigos a amantes), el “slow burn” (atracción que crece lentamente), el héroe atormentado o la mujer independiente donde las heroínas eligen activamente a quien amar y desafían el molde que la sociedad les imponía.

A mediados del siglo XX la novela romántica explotó como fenómeno de masas. Harlequin y otras editoriales pusieron las historias románticas al alcance de millones de mujeres con los bodice rippers: ediciones de bolsillo con portadas icónicas de Fabio y heroínas de corsé. Estas novelas sostenían la dualidad de ser al mismo tiempo, el primer espacio donde el deseo femenino se mostraba sin pedir disculpas, creando una comunidad de lectoras global, y un negocio multimillonario; un placer culpable que muchas consumían en secreto por miedo a ser juzgadas como “frívolas” o “poco intelectuales”.

Desde entonces el género romántico no ha hecho más que crecer, diversificarse y madurar, siempre evolucionando de acuerdo con los intereses de las mujeres y su relación con la sociedad. La novela romántica actúa como un vehículo de exploración que refleja las reglas escritas y no-escritas de cómo la sociedad ve a las mujeres y lo que tienen derecho a ser y desear.

Para las autoras de romance, la imaginación y la capacidad de investigación son el único límite respecto a los mundos que crean para contar historias basadas en lo que más las interpela: sus sueños y anhelos, sus dolores, sus fantasías e inquietudes. Hoy con un 40% del mercado editorial existen múltiples sub-géneros que permiten explorar todo tipo de historias mientras la base sea el romance: historias queer y new adult, romance paranormal, romantasy, romance de suspenso y thriller, romance contemporáneo, comedias románticas, romance STEM, Dark romance, romance histórico, romance erótico, etc.

Más allá de la vergüenza

Han cambiado muchas cosas en los 20 años que llevo leyendo novelas románticas, pero lo que se mantiene igual es que el romance sigue siendo un espacio seguro y de lucha por la autonomía femenina, con mujeres siempre como protagonistas activas. Sigue siendo también un espacio de encuentro y de desestigmatización de la experiencia y el deseo femenino.

En sus páginas se pueden hacer investigaciones enteras respecto al rol de la mujer en la sociedad del siglo XX y su transformación da luces de los espacios de poder que hemos escarbado para nosotras, desde las caracterizaciones, el entendimiento del consentimiento, que implica hoy la fantasía del final feliz, hasta rehusarnos a sentir vergüenza por leer y disfrutar romance.

La llegada de las redes sociales masivas en la década de 2010 nos permitió salir de la experiencia solitaria de leer y crear comunidad en torno a nuestros intereses. Varias de mis grandes amistades de los últimos años nacieron de un amor compartido por los mismos libros románticos. En 2019, viajé con dos amigas de otros países -a quienes conocí por internet- por Escocia y el sur de Inglaterra, siguiendo las huellas de Outlander y recorriendo las locaciones de Orgullo y prejuicio.

Esta es una experiencia que se replica una y otra vez en las comunidades que se forman en grupos de Facebook, booktok, bookstagram y comunidades de escritoras y lectoras. Como recuerda la académica y escritora estadounidense Brené Brown, la receta contra la vergüenza es romper el silencio, es darte cuenta de que no estás sola en la experiencia compartida. Y eso es exactamente lo que sucede en las comunidades de lectoras.

Porque las mujeres seguiremos creando espacios para nosotras mismas llenos de belleza, de creatividad, conexión y profundidad emocional. Y ya no necesitamos convencer a nadie de su valor intrínseco.

Mi top 5 de novelas románticas

No podía terminar sin rendir homenaje a una pequeñísima parte de las novelas que me han acompañado tantos años.  

Outlander (Forastera) de Diana Gabaldon (1991)

Con 8 temporadas y un spin-off Outlander no necesita presentación, pero siempre he dicho que la belleza de la historia de Jamie y Claire es que es la historia de un matrimonio. Va mucho más allá de la novela romántica tradicional y nos muestra todo lo que construye una verdadera relación.

Orgullo y prejuicio de Jane Austen (1813)

Mr Darcy y Elizabeth son el origen. Y Jane Austen merece todo el reconocimiento del mundo por su aporte a la literatura.

La hipótesis del amor de Ali Hazelwood (2021)

Porque como dice Mary Oliver en su poema: la alegría no está hecha para ser una migaja. Ali tiene el don para hacerte sentir bien y reír, y es una muestra de lo lejos que ha llegado el género romántico en su representación de la mujer actual.

La saga Bridgerton de Julia Quinn (2000)

El vizconde que me amó es uno de los pocos libros que se me quedó grabado de las primeras novelas que comencé a leer y no me sorprende nada que Shonda Rhimes haya tomado esta saga histórica y la haya transformado en la fantasía que es Bridgerton. 

Un secreto a voces de Nora Roberts (1990)

Antes de que existiera Romper el círculo, Nora Roberts me hizo mirar de cara la violencia intrafamiliar en esta novela que nunca fui capaz de olvidar. En honor a las autoras clásicas del romance Bodice Ripper que escribían libros complejos mientras financiaban una industria millonaria sacando dos libros al año. 

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